La sonrisa interior.

Llevo un tiempo con la sensación de estancamiento. No es necesariamente una sensación negativa, más bien una oportunidad que se me presenta para abrir una puerta.
Veréis: entiendo el Camino( y sé perfectamente que es falso pero es así como lo siento cuando llego a estos momentos) como un interminable pasillo; un pasillo por el cual vas viendo, de un lado y de otro, puertas que puedes abrir o no. Lo vas recorriendo pero, de vez en cuando, topas con una puerta, esta vez, una puerta que te barra el camino. En ocasiones una llave o una clave es la solución para abrir y seguir. Te la pueden dar o la puedes tener encima. El caso es que cuando consigues franquear una de esas puertas que encuentras en medio, te encuentras con que el pasillo sigue enfrente tuyo , largo, larguísimo. Pero no desfalleces porque sabes que es así, que debe ser así. Ahora me encuentro con una de esas puertas. Busco la llave; no la encuentro; la pido y, como respuesta me dicen que “es una trampa de tu Ego”. Es una clave. Pero la clave no consigue abrir. ¿Será una clave para una llave? Pues bien, la llave que utilizo últimamente es la meditación con aplicación de la sonrisa interior. Dejo para un futuro post el tema de la sonrisa interior, sólo explicaré lo ocurrido. Normalmente, es una técnica que se utiliza acompañada de los sonidos curativos ( otro tema apasionante) pero puede utilizarse sola. Podríamos decir que es transformadora y terapéutica. Transformadora por cuanto trabajas la visión interna y la alquimia de tu energía ; terapéutica porque tiene un efecto diagnóstico y curativo sobre los órganos y vísceras. Cuando empiezo a trabajar una técnica suelo hacerlo hasta estar completamente seguro de “dominarla” ( no es la palabra correcta) antes de pasar a otra ( o no). Ayer noche, cogí el zafu, acomodé el cuerpo, hice unas cuantas respiraciones profundas, bajé la respiración al Tan Tien y me dispuse a meditar sin tener premeditado cual sería mi trabajo; simplemente disfrutaría del momento. Automáticamente me dí cuenta de que algo diferente a otras veces estaba ocurriendo porque, no sólo conseguí detener la cascada de pensamientos al momento sino que me sentí “transparente”; no era lo mismo que otras veces, era una disolución de los límites muy diferente, cristalina, etérea. Y súbitamente, la sonrisa apareció. Yo era la sonrisa, o la sonrisa era yo ( no sabría precisar). No era yo quién la aplicaba a un órgano y la dirigía por mi cuerpo, sino que ella toda ocupaba todo el espacio; y no era vista, era sentida; con su relajación, su hormigueo, su felicidad, su bienestar. Pero lo que me descuadró del todo es que , acompañando todo lo que estoy contando, iba sucediendo al mismo tiempo otro fenómeno: todo olía y sabía a miel. Por motivos coyunturales domésticos no había ningún incienso encendido esta noche; pero el olor lo embargaba todo y, lo más curioso era el sabor. ¿Cómo se puede sentir sabor a miel ni no es a través del gusto? No he conseguido encontrar información sobre ello y agradecería si alguien pudiera darme luz sobre el tema.







lamujeresqueleto dijo
Eric, la miel y su dulzura se filtro por tus poros...
que envidia de fuerza 1 que me das (( ;
Gracias por el abrazo de ayer..sabes??
yo pude sentir su dulzura, me la transmitiste tú
y todavia conservo su olor y su sabor
un besote de miel.
19 Enero 2008 | 09:48 AM